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viernes 27 de enero de 2006, 23:00:00
EXPEDICION A LA PLAYA
Tipo de Entrada: RELATO | 2368 visitas

Dos montañeros que no se conocen entre si, deambulan por la Paz en busca de expedición. Un guía de montaña les pone en contacto y esa misma tarde, se embarcan en un viaje a los altiplanos desiertos del occidente de Bolivia. El objetivo: subir a los Nevados Payachatas, dos blancos volcanes gemelos situados en la frontera de Chile.

Seta de hielo del borde sur del cráter del Pomerape y pala cimara inclinada 45º (a más de 6100m)
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Seta de hielo del borde sur del cráter del Pomerape y pala cimara inclinada 45º (a más de 6100m)
En la cumbre plana del Pomerape
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En la cumbre plana del Pomerape
Amanecer durante la ascensión al Parinacota
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Amanecer durante la ascensión al Parinacota
Hombro sureste del POmerape desde el
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Hombro sureste del POmerape desde el
Amanecer sobre la cara norte-noreste del Parinacota
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Amanecer sobre la cara norte-noreste del Parinacota

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De mañana, un aguacero cae sobre La Paz, pero los dos montañeros corren a tomar el autobús de Arica cargados con enormes mochilas y 24 litros de agua. Uno es Sergi, un alpinista (ahora andinista) de Lleida en viaje por Sudamérica. El otro es quien escribe a continuación, un atolondrado aficionado al senderismo, en sus vacaciones agosteras:

?La tarde anterior apenas ha dado de si más que para comprar vituallas, hacer algunas llamadas y lo que es más raro, buscar en un atestado mercadillo paceño una colección de garrafas de plástico usadas. Parecen de disolvente, pero algunas viejas etiquetas las delatan: han contenido ron añejo (por fin se desentraña el misterio: el ron de garrafa existe). A partir de ahora, por mucho que las enjuaguemos, el agua con que las llenamos tendrá un regustillo especial que nos perseguirá los próximos cinco días. Sin embargo, nos serán necesarias para sobrevivir al pie de los volcanes, porque en aquellos desiertos no hay agua salvo en algunas lagunas, a menudo saladas, y la nieve está siempre demasiado arriba.

Tras tres horas de viaje por la nueva carretera asfaltada a Chile, el autobús nos deposita en un desolado cruce, donde habremos de esperar a un viejo Toyota. Sin embargo, ya allí el paisaje es imponente. De entre el interminable altiplano, crecen los volcanes gigantes de la cordillera occidental de los Andes, divisándose en derredor hasta cinco seiskilométricos coronados de nieve: el gigantón Sajama, el Acotango, el humeante Guallatiri y nuestro objetivo, los gemelos Payachatas, también llamados Parinacotas.

El viejo LandCruiser de Abel nos conduce al pueblo de Sajama, donde contratamos a dos porteadores a los que cargaremos con el agua, mientras nosotros, aun más cargados, llevamos el resto. Un poco más arriba, a no más de 4500 metros de altura, la trocha está cortada por unas cuitas entre granjeros, así que nos vemos obligados a echar pie a tierra y a emprender la marcha antes que lo que pensábamos, y encima cargados como mulas.

Sin embargo, al anochecer alcanzamos el que dicen campo base de los Payachatas, un enorme llano de cenizas volcánicas, levemente inclinado. Es como una playa canaria, de esas de arena oscura, pero situada a más de 5000 metros de altura. En esa playa instalamos nuestra la tienda al abrigo de una gran roca que nos protege de los interminables vientos del Pacífico que se cuelan por el collado entre los dos volcanes.
.....Y en esa playa sobreviviremos las siguientes 4 frías noches.

De madrugada, salimos para nuestro primer objetivo, el más alto, el Nevado Parinacota, un perfecto cono volcánico que atacaremos más o menos por su cara norte, aunque casi sus 360º de circunferencia son practicables. A fin de cuentas no es más que una gran montonera de escombros.

Salir de noche no ayuda a desentumecer los músculos y paso bastante rato tratando de coger un ritmo de respiración adecuado, sin conseguirlo. Una traza de sendero nos ayuda a orientarnos entre el enorme edificio, monótono y oscuro y nos facilita el paso por un rato. Ya amanecido el día y cerca de mediada la subida, sobre los 5800 metros, alcanzamos la nieve y nos ponemos los crampones; como la pala de nieve está excelente y es tendida, decidimos no encordarnos. Así que cada uno con sus fuerzas, que no abundan, pues aun tratándose de una ascensión técnicamente fácil, la altitud exige un esfuerzo extraordinario. Aunque multiplico la frecuencia de respiración, las pulsaciones cardiacas se disparan, por lo que gradualmente voy disminuyendo el ritmo. Cada vez voy más lento y cada vez doy menos pasos entre parada y parada de recuperación; cada parada es más larga que la anterior. Es una sensación agobiante que obliga a un ejercicio de paciencia.

El nevado no tiene más dificultades que su altitud y el terrorífico viento que sopla de Chile, que forma incómodos penitentes en la nieve; así que pronto nos escoramos hacia el lado este en busca del socaire. Llegado un punto muy alto, el viento cesa, lo que nos permite parar para comer y beber agua con regusto a ron. Disfrutamos del inesperado calorcillo y de las vistas inacabables que tenemos desde nuestra atalaya. Incluso creemos recuperarnos para el último repecho, pero una vez reiniciada la marcha, me doy cuenta de que ya no hay recuperación posible. La asfixia es la misma, el cansancio mayor y las paradas inexcusables, cada vez más próximas entre si. Mentalmente me obligo a contar pasos, ahora 20, después 15, más arriba 10; ya paso mucho más tiempo parado, boqueando, que en movimiento y por si fuera poco la pala repunta y algunos penitentes hacen su aparición. Esto parece que no se termina, pero en un punto, de repente, el suelo se acaba bajo mis pies y un tenebroso precipicio corta el avance. Hemos alcanzado el borde del enorme cráter del Parinacota, con más de 200 metros de profundidad.

Sin embargo, alcanzar el cráter es una sensación jubilosa, pues significa también que hemos alcanzado la cumbre; así, de repente. No obstante, decidimos andar un poco más por el filo  del cráter hasta alcanzar el punto más alto de éste, el cual parece estar en el lado chileno. Un pequeño esfuerzo postrero para subir un puñado de metros más.... que nos llevará más de media hora. Una vez en la cima, tomamos fotos, bebemos y el amigo Sergi hasta se echa la siesta y todo, por más de una hora. La falta de oxígeno provoca somnolencia.

Haciendo un esfuerzo de concentración nos ponemos en marcha. Bajamos rápido, directamente por la cara norte, pero increíblemente, a pesar de ser un terreno fácil, se necesita un gran esfuerzo mental para bajar. Además conviene no despistarse; una caída puede ser delicada. El agotamiento provoca fallos de concentración y a punto estoy de pegármela contra un afilado penitente... y puedo asegurar que son más duros que los de Semana Santa....

Tras unas 10 horas de brega llegamos a nuestra tienda de la playa. Mientras cenamos decidimos posponer un día nuestro otro objetivo, el segundo volcán, el Pomerape (o Pomerata). Así que el día siguiente lo pasamos en la playa. Como un turista noruego, me paso parte del día al sol, tumbado sobre la mullida arena de cenizas, mientras Sergi se dedica a hacer boulder en algunas bombas volcánicas que hay esparcidas entre el arenal.

Al día siguiente, atacamos el menos frecuentado Pomerape siguiendo el evidente hombro sureste. En esta ocasión, por tratarse de la cara sur, la línea de nieve llega hasta cotas más bajas, e incluso una lengua de hielo, como la alfombra roja de un hotel, llega hasta nuestro campamento. Así que salimos de la tienda con los crampones puestos y nos ponemos a andar a buen ritmo desde el principio, trazando cómodos zig-zags. De nuevo sin encordar, pasamos un buen rato en la penumbra de nuestros frontales, pero a un ritmo más alegre, que sale sólo, con el cuerpo más descansado y bien aclimatado.

Alcanzamos la cresta al amanecer, un espectáculo como pocos he visto nunca. Tomamos fotos, pero súbitamente un viento cortante nos recuerda que debemos continuar. El vendaval en que se convierte nos acompañará varias horas por la cresta. Cuando la cuesta se afila y empina, decidimos encordarnos; algo más arriba un gran gendarme nos impide el paso. Flanqueamos a la izquierda, hacia la vertiginosa pala de la cara sur, que está con nieve profunda y tiene una pendiente de más de 45º. Esta pala, ya sobre los 6 kilómetros de altura, nos hace jadear como perros, vaya que si duele. Sergi, que va delante y es más sabio, instala un par de estacas. Entre jadeo y jadeo, nos hundimos en la nieve hasta casi la cintura. Mediado el tercer largo, Sergi alcanza una cresta de nieve, pero cuando llego a ella, de nuevo siento la emoción repentina de alcanzar la cima. Tras la leve arista se extiende un enorme plató de nieve, tan llano como un campo de fútbol. Ya sólo nos queda andar un paseíto hasta la ?cumbre?. ¿He dicho cumbre?.

Lo cierto es que después de vagar en círculos unos minutos, escrutamos el terreno como jugadores de golf buscando la caída y ante la imposibilidad de discernir un punto ?más alto? que otro, plantamos los piolets y decimos basta, estamos en la cumbre. Es nuestra extraña cumbre, aunque sea un campo de fútbol.

La bajada del Pomerape es más delicada; vertiginosa y peligrosa. Sergi se empeña en tirarse por la cara sur directamente, aunque evitando una gran seta de hielo que cuelga sobre toda la vertiente (de hecho, es el único glaciar de la montaña). En los puntos más empinados, montamos unos rápeles, que agradezco, pero la bajada es rápida por una pala de nieve infinita; una cresta lateral amenaza con desplomar algún serac sobre nuestras cabezas, por lo que aceleramos el paso. Para cuando nos quitamos los crampones en el collado, hemos pasado 11 horas de tránsito; han parecido menos, quizá de las emociones vividas.

Lo que sigue es el trabajo inevitable y tedioso de desmontar el campamento, cargar con toda la impedimenta, incluso un manojo de garrafas vacías y patear cuesta abajo en busca del viejo Toyota de Abel y más tarde, de un baño reparador en las aguas termales de Sajama; eso sí, es un trayecto que se hace entre eufórico y aturdido, con ese sabor de boca que dejan las montañas cuando has hecho lo que te gusta y para este senderista, cuando has hecho algo irrepetible. Y siempre con ese sabor a ron aguado.... el ron de la playa.?

 

Actividad realizada por Sergi Ricart y Pedro Ibarra entre los días 4 y 8 de septiembre de 2002 en los Ps. Ns. Sajama (Bolivia) y Lauca (Chile). Ascensiones a los Nevados Payachatas desde el lado boliviano: Nevado Parinacota (6342m, vía norte normal, F) y Nevado Pomerape (6282m aprox, ruta hombro y arista sureste, AD+ según Yossi Brain, probable aperturista en 1997)
Para ver más fotos, ir a galería adicional "Los Parinacotas":  http://www.madteam.net/fotografia/galeria.php/1727


Info adicional:  para acceder al P.N. Sajama y los volcanes circundantes es preciso tomar los autobuses que salen de La Paz con destino a Arica (Chile), a través de la nueva carretera internacional (asfaltada en 2000, vía Tambo Quemado, -frontera-). Hay varias compañías que salen a primerísima hora de la mañana de La Paz. El viaje dura menos de tres horas y es preciso bajarse en la población de Lagunas, a unos 10 kms de la población de Sajama y otros tantos de la frontera. Para el regreso, hay que echar el alto al autobús; suelen pasar desde mediodía hasta media tarde; preguntar la hora exacta a la ida.
Normalmente, algún vehículo puede acudir al cruce de Lagunas a recoger a viajeros, con lo que se podría tener hueco, pero esto es aleatorio. Puede ocurrir que uno de los taxis no tenga trabajo y te divise en la parada desde el mismo pueblo (a 10 kms) y él mismo se acerque a recogerte. Ocurre. Si no, es recomendable contactar con alguna movilidad previamente. En Sajama había al menos 2 todoterreno en 2002 que podían servir como taxi: nosotros utilizamos el Toyota de Abel Mollo, que también suele trabajar de guía. El mismo vehículo puede acercar al andinista hasta la base de los volcanes, tanto si son los Parinacotas como el Sajama o el Acotango. Se puede contactar desde La Paz, llamando al teléfono del pueblo de Sajama (en 2002 sólo había uno, que es vía satélite; preguntar en información). Como nunca se encuentra al que llamas a la primera, lo mejor es preguntar por el susodicho para que le avisen y quedar a una hora prefijada para volver a llamar. Puede que funcione. Nosotros tuvimos suerte.
En Sajama había 2 ó 3 alojamientos muy básicos y alguna tiendecita con lo mínimo imprescindible. A unos 5 kms al norte hay unas aguas termales en pleno campo. Son de aguas muy sulfuradas, por lo que se sale oliendo a sulfhídrico (huevos podridos); no obstante, el baño es uno de lo más espectaculares que puede uno darse, rodeado de los volcanes gigantes. Pese al olor, lo recomiendo; impresionante y relajante a la vez..
En Sajama hay que pagar una pequeña tarifa para entrar al Parque Nacional, el cual está gestionado por un consejo de vecinos, de forma muy sindicada y caótica. Allí mismo se contratan los porteadores. Éstos son necesarios, al menos para acarrear el agua, como hicimos nosotros, pero te pueden llevar todo si se paga, que no es demasiado (Bolivia es una país barato). Si hay suerte, puede que algunas mulas estén disponibles. No fue nuestro caso y la impedimenta la tuvimos que portar nosotros mismos.
Para acceder al campo base de Los Parinacotas (?La Playa? según el relato), situado en las proximidades del collado entre los volcanes (a unos 5100m) hay una pista 4x4 que llega hasta los 4800-4900m o así. Si el consejo del parque no pone pegas te dejan subir hasta cerca del CB. Pero si no arreglan sus disputas (entre los que tienen coche, que son 2 y los que no lo tienen, que son muchos más y que trabajan de porteadores), puede que toque subir desde más abajo. Todo eso hay que arreglarlo en la oficina del parque. Nosotros echamos una tarde entera para subir desde los 4500 hasta los 5100, cargados con 25 kgs. Paciencia, que no es muy pendiente.
También se pueden contratar guías desde La Paz para un trekking con todos los servicios que pidas. Salen más caros, pero uno se despreocupa.... aunque básicamente se hace lo mismo.Desde Chile, un trekking contratado en Arica ó Putre aún sale más caro. Si no, en el mismo Sajama hay algún que otro guía que ayudar a subir. Técnicamente no son muy especialistas, pero son tíos muy fuertes.

Previo a intentar los volcanes: imprescindible haber afinado la aclimatación. Aunque sean dos picos medio fáciles, de pendientes asumibles, tienen una altura considerable. Esto es especialmente crítico si se sube desde Chile en poco tiempo. Mucha gente aclimata en el mismo Sajama. Si vas desde La Paz se suele ir más adaptado, siempre que hayas estado un tiempo en altura; puede ser interesante estar en los altiplanos un tiempo, por ejemplo haciendo turismo, antes de atacar estas tachuelas. Aunque cada uno se aclimata de forma distinta, recomiendo un mínimo de una semana sobre los 4000 metros. Consultar información sobre aclimatación antes de viajar (en esta web o en otras) y hacerse un programa de entrenamiento. Imprescindible, pues una vez en la montaña, no hay servicios de socorro ante problemas, ni nada que se parezca.

Esta info se ha elaborado con datos de 2002. Si tienes datos más recientes no dudes en contactar con la web para añadir o cambiar los anteriores.

Nota: el mapa incluido junto a este relato es antiguo (antes de 2000). Figura la antigua carretera (sin asfaltar) que cruzaba Sajama. La nueva carretera ya no lo hace.




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